Incluso el hombre más sabio sólo sostiene una vela en pleno sol.

viernes, 29 de junio de 2012

Los Escritos 40

  


Sólo sé de mí, que me llamo D. y que desaparezco. Nunca he podido recordar cuándo empecé a hacerlo. De hecho, nunca he podido recordar nada que tuviera que ver conmigo, excepto mi nombre. Sé perfectamente dónde estoy. Lo sé casi todo acerca del mundo que me rodea. Conozco a las personas y sin embargo, debido a esta cualidad mía, nadie es capaz de verme. Simplemente desaparezco. Pero qué puedo decir. No hay nada que reprocharles. ¿Para qué querría que alguien se fijase en mí si ni siquiera yo sé quién soy? Si me preguntaran... ¿qué iba a decirles?

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