En la Zomba había un puerto
adonde acudían los lugareños en busca de cajas de ron. Los marineros saltaban
de los barcos en cuanto atracaban y se adentraban por las callejuelas guiados
por el olor de palisandro que despedían las cofias de los burdeles. Las mujeres
salían a las puertas de las casas pintadas con colores chillones para anunciar
a bombo y platillo el número de camas libres que podían ofrecer. Los niños se escabullían de los hogares hasta altas horas para bajar al caladero o simplemente para vagar
por las calles mientras sus padres se acostaban con las vecinas y sus madres
hacían lo propio con algún desconocido marinero de Sarrá, de Samoana, de
Fidygeh o de cualquier otro lugar con algún nombre exótico. No era difícil
encontrar peleas de gallos ilegales, partidas de billar amañadas o incluso
timbas de cartas en las que lo único que estaba prohibido era no apostar. Y
tampoco costaba demasiado comprar Opio o acudir a Barrth, la casa donde se
preparaba la flor de Loto. En general, allí se respiraba un aire que invitaba a
sonreír a la vida. Aunque, evidentemente, la muerte acechaba detrás de cada
esquina.
Incluso el hombre más sabio sólo sostiene una vela en pleno sol.
viernes, 23 de noviembre de 2012
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Sinónimos de Lucro 06
El último número del fanzine Sinónimos de Lucro ya está disponible. Para cerrar la publicación se ha editado un especial de 266 páginas en las que podréis encontrar, entre otras muchas y mejores cosas, alguna ilustración mía. Para hacer un pedido, que son 5€ de nada, podéis dirigir un mail a la dirección: sinonimosdelucro@gmail.com. Para abrir boca os dejo con el vídeo promocional.
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miércoles, 14 de noviembre de 2012
viernes, 9 de noviembre de 2012
Los Escritos 53
¿Quién
escribirá la historia de lo que pudo haber sido? De las palabras no dichas, de
las señales ahogadas, de nuestra vieja costumbre de rehacernos cada día como si
nada hubiese pasado, como si a cada hora amaneciese en nosotros una
posibilidad, como quien lleva un mar dentro del pecho, como si el ojo
contuviera toda esa inmensa colmena que es el firmamento en su breve pupila.
¡Ah! ¿quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido? Esa será, si
alguien la escribe, la verdadera historia de la Humanidad.
jueves, 1 de noviembre de 2012
El Dibujo de Noviembre
sábado, 27 de octubre de 2012
La Chica Que Saltaba A Través Del Tiempo
Aunque no es nada habitual, hoy os dejo una película que vi hace poco y que merece mucho la pena. No soy muy de recomendar películas o cómics, cada cual tiene sus gustos, pero esta vez me he decidido a compartirla porque curiosamente y a pesar de su calidad, esta película no es muy conocida. Si la habéis visto, bien por vosotros y si no, espero que os guste.
viernes, 26 de octubre de 2012
Los Escritos 52
Johannes
Niemand no era un niño como los demás. Mientras los otros se pelaban las
rodillas jugando, Johannes pasaba su tiempo leyendo y dibujando. No entendía
por qué todo el mundo se empeñaba en decir que era callado, sus largas
conversaciones con autores de todo tipo lo dejaban exhausto. Un día alguien le
dijo: "Eres raro" y al transmitirlo con preocupación, sus padres y
amigos corroboraron: "Es que, eres raro", qué desilusión. Johannes
Niemand se educó en la creencia de que, o le sobraba o le faltaba algo, pero
sin darle más importancia, él siguió leyendo y dibujando. Fragatas, lianas y
héroes de acción ocupaban su mente mientras en clase todos atendían la lección.
En su tiempo libre Johannes experimentaba con el barro; quería crear al hombre,
o en su defecto, a algún personaje inventado. Escribía poesía; esa que, con
úlcera estomacal incluida, luego recitaba su tía. A Johannes le importaba poco
el mundo, por eso ni entendía de política ni sabía de la vida. En su mente sólo
se oía un rumor: "sigue a lo tuyo, que lo demás es ilusión". ¿Y qué
fue de Johannes os preguntaréis? Pues increíblemente y aunque parezca
contradicción, creció y sigue siendo un niño, ¡qué fastidio! A Johannes Niemand
le fue todo lo bien que pudo haberle ido, dicen que a veces escribe escritos.
viernes, 19 de octubre de 2012
Los Escritos 51
Nadie, dijo Giordano Bruno, puede amar la verdad o el bien, si no aborrece a la multitud; y el artista, pese a que se sirve de la multitud, tiene buen cuidado de aislarse de ella. Puede que para muchos haya alguna razón más evidente que otra para que esto ocurra, pero la verdad es que sólo hay un motivo. El fruto que cae del árbol en medio de un bosque, choca contra un suelo endurecido por el follaje, las ramas y las raíces de los mismos árboles que dejaron caer el fruto, impidiendo así que éste arraigue, y de esta manera simplemente queda posado sobre la superficie. En cambio, el fruto que cae en un terreno baldío, cala en la tierra, se nutre de ella, crece y se desarrolla plenamente. La multitud es al artista lo que el bosque al fruto. Es en la soledad, en la tierra baldía en la que nada hay, donde el artista se sienta, medita, hace florecer sus ideas e historias y crea.
viernes, 12 de octubre de 2012
Los Escritos 50
Sólo
era cuestión de tiempo que D. notara el sufrimiento que imprimía en su tono al
hablar. Usaba una expresión rara: "la unción de la cópula". Pero ya
nadie le reía aquella gracia desgastada. Las mujeres habían empezado a evitarlo
como a un apestado y eso lo empujó a convertirse en una especie de Licurgo
intransigente y amoral. Cuando comía lo hacía como un cerdo y cuando hablaba
parecía tan estúpido que conmovía los sentimientos de su auditorio hacia la
compasión. Nadie se atrevía a decirle nada. Había desatendido tanto su vida que
ya no se lavaba. Gritaba y hacía uso de la violencia por cualquier razón. Y a
su mujer la tenía tan abandonada que yo temía constantemente encontrarla
cualquier día en mitad de la calle como a una perra en celo. Y sabíamos
perfectamente lo que había que hacer. Es sólo que al final no lo hicimos. En
nuestras mentes había anidado la tibieza de la comodidad. El esfuerzo suponía
sufrimiento y el sufrimiento nos resultaba tedioso y vano. Era el polvo el que
lentamente se posaba sobre nuestra resolución; la de despertar su conciencia
sobre su propia desgracia. Poco a poco todo iba quedando cubierto y
ennegrecido. Quizás la nieve pudiera limpiarlo. O quizás la luz. El problema
era que no podíamos obligar a nadie a salir y ver el sol.
viernes, 5 de octubre de 2012
Los Escritos 49
Ben-Belay
daba al público especulaciones extravagantes y ridículas. Historia de lo futuro.
Productos cultivados como la obra de Musa; locuciones sobre materias poco
respetables; pronósticos de zumbas; párrafos de pasatiempos frívolos.
"Ésta es la retórica con que millones de personas se expresan a través de
un método común", decía: "la verdadera ciencia es la que se emplea en
la artillería". Y su propia satisfacción al decir estas cosas rezumaba
como un incensario. "Todos los jóvenes tienen una misma voluntad"
continuaba luego, "la de levantarse y caminar. Pero antes de hacerlo se
olvidan de mirar hacia arriba. Sólo cuando se han golpeado y maldicen caen en
la cuenta que sobre sus cabezas pendía un gran techo maderado que impedía que
estos realizaran su voluntad, la de levantarse y caminar." Ben-Belay
hablaba sobre la fortuna, sobre la vida, sobre el papel que un reinado había
tenido en las generaciones siguientes y luego se echaba a reir: "Mi
afición es la poesía" gritaba estrepitosamente, "todo el mundo sabe
que la poesía es la piedra de toque del buen gusto de una nación o de un
siglo." Ben-Belay hablaba para un gran público que parecía escuchar como
hipnotizado, pero curiosamente, Ben-Belay siempre caminaba solo.
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