Incluso el hombre más sabio sólo sostiene una vela en pleno sol.
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viernes, 22 de febrero de 2013

Los Escritos 65




¡Adiós, mis corsarios, adiós! Puede que algún día nos volvamos a ver, mas desde ahora y hasta que eso ocurra, os deseo lo mejor. ¡A todos, mis corsarios, a todos vosotros! En mi corazón hay alegría y gozo: disfruté de vuestra agradable compañía y nunca recibí queja alguna de la mía. ¡Adiós, mis corsarios, adiós! Que la fortuna os traiga dicha. Que el buen viento os arrastre al oasis donde halléis el placer de vuestra propia felicidad. Y ya que este es mi último adiós, permitidme escribiros lo más cierto e importante que jamás hayáis leído en esta bitácora de viaje compartido: practicad el oficio y la costumbre de la cultura, porque fuera de ella… se extiende el abismo. Mis corsarios, ¡adiós!

viernes, 15 de febrero de 2013

Los Escritos 64




¿Cuál es vuestra esperanza? ¿Vivir más y amar, mientras se agota el corazón? La mía es bailar el sueño roto de la vida sin maldecir aquel antiguo engaño de lo eterno. Mi esperanza es consolar mi pecho al saber que el mundo pudo ser una bella verdad. Mi esperanza es capturar la noche, la magia, las luciérnagas, el mar, y plasmarlos sobre un papel, para que cuando yo me vaya, haya algo de mí que quede para siempre.

viernes, 25 de enero de 2013

Los Escritos 63







Un gesto, una palabra vuestra para que todo se haga aire. Habláis el lenguaje del viento que golpea en las ventanas, el lenguaje del viento que cruje en los desvanes, el lenguaje olvidado del viento. Os llaman brujas, meigas, jorguinas, corujas, magas, hechiceras, curanderas, adivinas, arpías, estrigias, o simplemente mujeres. Qué fácil entonces sentir el miedo aventado por un soplo vuestro que con un extraño maleficio no deja llegar la noche, y que con un gesto o una palabra puede deshacer el mundo para que todo se haga aire.

viernes, 18 de enero de 2013

Los Escritos 62




Un estudiante pidió a un maestro sufí que le revelase el quinto nombre de Dios.
-Quien conoce ese nombre, es capaz de cambiar el curso de la historia –
comentó.
El maestro le dijo que pasara un día entero a las puertas de la ciudad. El
muchacho obedeció, y volvió al día siguiente.
-¿Qué es lo que viste? –preguntó el maestro.
-Un viejo intentó entrar en la ciudad con un carnero para vender. El guarda le
quiso cobrar un impuesto, pero el hombre no tenía dinero. Entonces el guarda le
robó el carnero y, a él, lo echó. Yo pensaba: si supiese el nombre oculto de Dios,
podría cambiar esta situación.
-Podrías haber impedido esa injusticia, pero preferiste soñar con una
revelación. El quinto nombre de Dios es: Ama y ayuda a tu prójimo.
Sólo así podemos cambiar el curso de la historia.

viernes, 11 de enero de 2013

Los Escritos 61




Cuando el tiempo, un día, derribe en el olvido las jóvenes edades y el brioso ímpetu que emana de la vida misma, podrá alguno de vosotros volver a recordar este suceso mínimo de pararse a leer un fragmento desconocido para preguntaros: ¿Qué fábula infinita nos cuenta el corazón que repite en el alma el dulce y fijo girar de las estrellas? Y entonces, ajenos, como ahogados por una fría soledad, os llevaréis la mano al pecho sólo para hallar el profundo hueco de una sombra mientras vuestra mirada se llena de la fugacidad de las palabras y de la eternidad de un momento.

viernes, 4 de enero de 2013

Los Escritos 60




Cuando era más joven a menudo pensaba en la vida. Mi infancia era el recuerdo de una casa con despensa, cenadores rústicos, patios infinitos y llaves en los roperos. La existencia tenía extraños límites y lo que es más extraño: una cierta tendencia retráctil. Las historias siempre se contaban en pasado y siempre tenía la sensación de que algo sordo perduraba a lo lejos, más allá donde el mundo continuaba con senderos de tierra y campos de fuego. La vida me rodea, como en aquellos años ya perdidos, con el mismo esplendor de un mundo eterno. Y en cambio ya sólo me queda esta costumbre de calor en mi pecho cuando escribo algo que se parece a aquello.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Los Escritos 59

 


Intento hacerle el amor a una mujer mientras mis piernas se arrebujan entre las sábanas y juegan con su ropa interior. Sus muslos están llenos. Su pecho es generoso. Y la piel de su espalda es gruesa y firme. Aquí todo resulta cálido y con un cierto sabor a salitre. Como gigantes carentes de secretos, avanzamos desnudos hacia lo alto, con el peligro de ser golpeados por el rayo. Las rápidas imágenes del futuro se derriten como las alas de Ícaro al contacto con el sol. Y al fin despierto cuando el carmín desaparece entre besos y caigo en la cuenta de que los labios rojos no son tan rojos y la alegría, con la mano siempre en su boca, me dice adiós.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Los Escritos 58


 


Esta mañana he tenido que visitar al médico por una dolencia a la altura del esternón. Cuando me ha recibido se encontraba escribiendo en el ordenador y así, de repente, se me ha ocurrido preguntarle por sus principios religiosos. Ha levantado la vista y me ha echado de la consulta inmediatamente. Ninguno de los dos hemos sido capaces de ayudar al otro. Yo me he ido con molestias en el esternón y él se ha quedado con una duda existencial.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Los Escritos 57


 


En la Inglaterra de 1870 la Ley de Educación impulsada por William Edward Forster garantizaba la educación general básica de los cinco a los once años, lo cual generó grandes expectativas de lectura entre personas procedentes de clases trabajadoras. Fue en esta época donde surgieron figuras como la de Robert Louis Stevenson o Rudyard Kipling que, hasta cierto punto, pasan por encima de divisiones sociales e intelectuales. Pero a finales de siglo comienza a abrirse un vacío entre lo que lee la intelligentsia y lo que lee el inglés medio. Como el relato cae en baja estima para los críticos, porque parece demasiado fácil o poco digno, surge una nueva casta de escritores populares que vienen a satisfacer la necesidad de lectura: Rider Haggard, Ouida, E.W. Hornung y el mejor de todos, Conan Doyle. Ellos no lo sabían entonces, pero aquel acercamiento al lector medio era el germen de un nuevo tipo de literatura más cercana y llevadera que posteriormente se aglutinaría bajo el título genérico de novela pulp.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Los Escritos 56

 



En una sociedad tan profundamente afectada por el catolicismo como la española, se da por hecho, al menos superficialmente y siempre desde el punto de vista de la unidad familiar, que el sexo es ortodoxo, monógamo y producto colateral del amor. La cultura y la ciencia, no obstante, ponen en evidencia que la religiosidad es un timo y su moralidad mera hipocresía. Y al debilitarse los principios religiosos, empiezan a surgir todo tipo de liberaciones, grandes y pequeñas, que se expanden como una onda de choque. En la adolescencia, cambiar el comportamiento sexual se convierte en una forma de protesta contra la tiranía ejercida por la unidad familiar. La masturbación es un acto de liberación no sólo para el cuerpo, sino para el espíritu que lucha contra la norma establecida. Construir y reafirmar el carácter y la personalidad nos lleva ineludiblemente a experimentar con nuestro sexo y a fantasear. Es en este último aspecto donde las aficiones sexuales resultan indescriptibles incluso para nosotros mismos: exageradas, exuberantes, sensuales y liberadoras. ¿No sería grato poder confesar una fantasía en voz alta, aun cuando ésta nos produzca el mayor de los rubores? Sin embargo, los guardianes de la moral pública que deciden qué es lo que debe sacarles los colores a los jóvenes, siguen empeñados en vivir bajo el yugo de una moral obsoleta caracterizada por su cinismo y por admitir una tierra cada vez más fría y un cielo cada vez más vacío.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Los Escritos 55







El vapor humeante sube de las alcantarillas mientras bajo por la escalera de incendios de un edificio rojizo en Attorney Road. Me habían dado un soplo sobre una mujer que hacía milagros con sus manos. Algún rollo sobre curación. ¡Joder, una curandera! A esto me he rebajado. Me siento estafado. Pero sobre todo me siento como un mierda, como un gilipollas de mierda. La vida da muchas vueltas; es lo que repite la gente como un mantra, hasta que algo te pasa y entonces empiezas a hacer caso de lo que dice la gente. ¿Cómo he llegado a esto? ¡Ah, sí! Hay otra frase que se repite por ahí que me viene al pelo para contar mi historia: "nunca mezcles placer con negocios". El que la inventó debía de ser un genio, o un gilipollas de mierda como yo, quién sabe. Pero esperad, todo tiene su explicación. Hace unos día--BANG--BANG--BANG--
¡Joder, me han encontrado! Y me pisan los talones. Corre, corre, corre. No pienses y corre tanto como puedas. Creo que me ha dado un tirón en la pierna, no puedo... ¡Sangre! ¡Me han dado en la puta pierna! ¡Estoy jodido! ¡Mierda, hijos de puta! ¡Me cago en la mierda! ¡Ahh! ¡Me han golpeado desde atrás! Al caer me he dislocado el hombro. Esto debe de doler mucho, pero estoy tan chutado de adrenalina que ni me entero. Pero ellos... ¡oh, mierda! Me tienen. Se acabó. Antes de que desaparezca os quería contar mi historia, es importante,--BANG--pero--BANG--esperad--BANG--todo tiene--BANG--su explicación --
--BANG--BANG--

viernes, 23 de noviembre de 2012

Los Escritos 54





En la Zomba había un puerto adonde acudían los lugareños en busca de cajas de ron. Los marineros saltaban de los barcos en cuanto atracaban y se adentraban por las callejuelas guiados por el olor de palisandro que despedían las cofias de los burdeles. Las mujeres salían a las puertas de las casas pintadas con colores chillones para anunciar a bombo y platillo el número de camas libres que podían ofrecer. Los niños se escabullían de los hogares hasta altas horas para bajar al caladero o simplemente para vagar por las calles mientras sus padres se acostaban con las vecinas y sus madres hacían lo propio con algún desconocido marinero de Sarrá, de Samoana, de Fidygeh o de cualquier otro lugar con algún nombre exótico. No era difícil encontrar peleas de gallos ilegales, partidas de billar amañadas o incluso timbas de cartas en las que lo único que estaba prohibido era no apostar. Y tampoco costaba demasiado comprar Opio o acudir a Barrth, la casa donde se preparaba la flor de Loto. En general, allí se respiraba un aire que invitaba a sonreír a la vida. Aunque, evidentemente, la muerte acechaba detrás de cada esquina.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Los Escritos 53




¿Quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido? De las palabras no dichas, de las señales ahogadas, de nuestra vieja costumbre de rehacernos cada día como si nada hubiese pasado, como si a cada hora amaneciese en nosotros una posibilidad, como quien lleva un mar dentro del pecho, como si el ojo contuviera toda esa inmensa colmena que es el firmamento en su breve pupila. ¡Ah! ¿quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido? Esa será, si alguien la escribe, la verdadera historia de la Humanidad.

viernes, 26 de octubre de 2012

Los Escritos 52







Johannes Niemand no era un niño como los demás. Mientras los otros se pelaban las rodillas jugando, Johannes pasaba su tiempo leyendo y dibujando. No entendía por qué todo el mundo se empeñaba en decir que era callado, sus largas conversaciones con autores de todo tipo lo dejaban exhausto. Un día alguien le dijo: "Eres raro" y al transmitirlo con preocupación, sus padres y amigos corroboraron: "Es que, eres raro", qué desilusión. Johannes Niemand se educó en la creencia de que, o le sobraba o le faltaba algo, pero sin darle más importancia, él siguió leyendo y dibujando. Fragatas, lianas y héroes de acción ocupaban su mente mientras en clase todos atendían la lección. En su tiempo libre Johannes experimentaba con el barro; quería crear al hombre, o en su defecto, a algún personaje inventado. Escribía poesía; esa que, con úlcera estomacal incluida, luego recitaba su tía. A Johannes le importaba poco el mundo, por eso ni entendía de política ni sabía de la vida. En su mente sólo se oía un rumor: "sigue a lo tuyo, que lo demás es ilusión". ¿Y qué fue de Johannes os preguntaréis? Pues increíblemente y aunque parezca contradicción, creció y sigue siendo un niño, ¡qué fastidio! A Johannes Niemand le fue todo lo bien que pudo haberle ido, dicen que a veces escribe escritos.

viernes, 19 de octubre de 2012

Los Escritos 51





Nadie, dijo Giordano Bruno, puede amar la verdad o el bien, si no aborrece a la multitud; y el artista, pese a que se sirve de la multitud, tiene buen cuidado de aislarse de ella. Puede que para muchos haya alguna razón más evidente que otra para que esto ocurra, pero la verdad es que sólo hay un motivo. El fruto que cae del árbol en medio de un bosque, choca contra un suelo endurecido por el follaje, las ramas y las raíces de los mismos árboles que dejaron caer el fruto, impidiendo así que éste arraigue, y de esta manera simplemente queda posado sobre la superficie. En cambio, el fruto que cae en un terreno baldío, cala en la tierra, se nutre de ella, crece y se desarrolla plenamente. La multitud es al artista lo que el bosque al fruto. Es en la soledad, en la tierra baldía en la que nada hay, donde el artista se sienta, medita, hace florecer sus ideas e historias y crea.

viernes, 12 de octubre de 2012

Los Escritos 50



  

Sólo era cuestión de tiempo que D. notara el sufrimiento que imprimía en su tono al hablar. Usaba una expresión rara: "la unción de la cópula". Pero ya nadie le reía aquella gracia desgastada. Las mujeres habían empezado a evitarlo como a un apestado y eso lo empujó a convertirse en una especie de Licurgo intransigente y amoral. Cuando comía lo hacía como un cerdo y cuando hablaba parecía tan estúpido que conmovía los sentimientos de su auditorio hacia la compasión. Nadie se atrevía a decirle nada. Había desatendido tanto su vida que ya no se lavaba. Gritaba y hacía uso de la violencia por cualquier razón. Y a su mujer la tenía tan abandonada que yo temía constantemente encontrarla cualquier día en mitad de la calle como a una perra en celo. Y sabíamos perfectamente lo que había que hacer. Es sólo que al final no lo hicimos. En nuestras mentes había anidado la tibieza de la comodidad. El esfuerzo suponía sufrimiento y el sufrimiento nos resultaba tedioso y vano. Era el polvo el que lentamente se posaba sobre nuestra resolución; la de despertar su conciencia sobre su propia desgracia. Poco a poco todo iba quedando cubierto y ennegrecido. Quizás la nieve pudiera limpiarlo. O quizás la luz. El problema era que no podíamos obligar a nadie a salir y ver el sol.
 

viernes, 5 de octubre de 2012

Los Escritos 49






Ben-Belay daba al público especulaciones extravagantes y ridículas. Historia de lo futuro. Productos cultivados como la obra de Musa; locuciones sobre materias poco respetables; pronósticos de zumbas; párrafos de pasatiempos frívolos. "Ésta es la retórica con que millones de personas se expresan a través de un método común", decía: "la verdadera ciencia es la que se emplea en la artillería". Y su propia satisfacción al decir estas cosas rezumaba como un incensario. "Todos los jóvenes tienen una misma voluntad" continuaba luego, "la de levantarse y caminar. Pero antes de hacerlo se olvidan de mirar hacia arriba. Sólo cuando se han golpeado y maldicen caen en la cuenta que sobre sus cabezas pendía un gran techo maderado que impedía que estos realizaran su voluntad, la de levantarse y caminar." Ben-Belay hablaba sobre la fortuna, sobre la vida, sobre el papel que un reinado había tenido en las generaciones siguientes y luego se echaba a reir: "Mi afición es la poesía" gritaba estrepitosamente, "todo el mundo sabe que la poesía es la piedra de toque del buen gusto de una nación o de un siglo." Ben-Belay hablaba para un gran público que parecía escuchar como hipnotizado, pero curiosamente, Ben-Belay siempre caminaba solo.

viernes, 24 de agosto de 2012

Los Escritos 48

 


Los lotófagos han atrapado la memoria de toda mi tripulación aduciéndonos un espeso sueño del que todavía no hemos podido despertar. Mis hombres están seguros que es mejor quedarse aquí; dicen que ya nadie nos recuerda en la patria de la que partimos. Aquí no existen los problemas o las preocupaciones. Aquí todo es bello, tornadizo, liviano. Hay comida y mujeres de rojas y pulposas vulvas. Una calidez invisible nos envuelve y nos habla: "no partáis", nos dice. Deseo quedarme. Lo deseo tanto que por momentos olvido quién soy. Y al hacerlo soy feliz. Dos pechos se acercan a mí para amamantarme. Tomaré de ellos y después comeré esta extraña flor de la que me he estado alimentando desde que llegamos aquí. Le diré a mis hombres que hagan lo propio: que tomen lo suyo como suyo y que olviden el pasado o lo que vendrá. Todos queremos quedarnos. Seremos felices... sin saber quiénes somos.

viernes, 17 de agosto de 2012

Los Escritos 47






—¿Y dice usted que en España la gente empieza a pasar hambre? ¿Que han comenzado a robar en supermercados y que ya hay ciudades que ponen candados a sus contenedores para que la gente no rebusque entre la basura?
—Así es.
—Pues en estas radiografías de distintas personas que me ha traído todo parece en orden.
—No son radiografías señor.
—¿Ah, no? ¿Entonces qué?
—Son fotos.

viernes, 10 de agosto de 2012

Los Escritos 46









—Padre, madre, debo partir hacia Xlianlur.
—Para ir a Xlianlur hay que cruzar el desierto hijo, ¿para qué quieres ir allí?
—Ayer soñé con mi hermana Dalua. Me decía que debía ir a Xlianlur. Que allí encontraría un tesoro.
—Hijo, sabes que Dalua no habla desde hace años...
—Lo sé padre, por eso debo ir a Xlianlur.
—Entonces ve con nuestra bendición.
...
—¿Dónde estoy?
—En Samyar. Te desmayaste en el desierto. Si no te hubiera encontrado habrías muerto.
—Te lo agradezco...
—Nyobb, me llamo Nyobb.
— Perdí la noción del tiempo y del espacio bajo el sol y deambulé sin rumbo hasta que se me acabó el agua.
—El desierto es peligroso. ¿Adónde te dirigías?
—A Xlianlur.
—No queda mucho. ¿Qué asunto te lleva allí?
—Mi hermana.
—Entiendo, vas a visitarla.
—No vive allí. Es una historia... bueno, complicada.
—Ya veo, no quería importunar.
—No, verás... Mi hermana siempre ha sido la mujer más bella del poblado. Pero el destino a veces es cruel y en un accidente quedó desfigurada. Desde entonces no habla. Antes de cruzar el desierto soñé que me decía que fuera a Xlianlur. Me dijo que a las afueras encontraría un templo en ruinas, de color rojizo, con una cúpula en forma de aguja, algo particularmente hermoso. Y que en ese templo encontraría un tesoro.
—Qué casualidad.
—¿Casualidad?
—Estamos en ese templo que acabas de describir.
—Pero... tú...
—¡Ja, ja! No, no, muchacho. Deja de mirarme así. No creo que yo sea ese tesoro que buscas. Aunque te puedo ayudar a encontrarlo.
—¿Sabes dónde está?
—Eso creo.
—¿Y por qué ibas a dejar que me lo llevara?
—Porque sólo tiene valor... para tu hermana.
—No entiendo.
—Lo que buscas se encuentra en la historia de Narciso.
—Conozco la historia de Narciso. El joven que admiraba tanto su propia belleza que se ahogó en el río al que iba a mirarse todas las mañanas. En el lugar donde se ahogó creció una flor que ahora lleva su nombre.
—Sí, pero la historia no acaba ahí. Después de morir Narciso, las Oréades, intrigadas por su ausencia en el bosque, decidieron bajar al río a preguntar y al verlo llorar desconsoladamente se preocuparon. Cuando el río les dijo que Narciso se había ahogado ellas también rompieron a llorar. Al cabo de un rato trataron de consolarlo diciéndole que no estuviera triste, al menos él había podido admirar su belleza todos los días:
"Pero... ¿Narciso era bello?" les preguntó el río.
"¿Quién si no tú podía saberlo?" contestaron las Oréades. El río, algo más calmado repuso finalmente: 
"Lloro por Narciso, pero no sabía que fuera bello. Lloro por Narciso porque cuando se paraba a mirarse en mi superficie, en sus ojos yo podía ver reflejada mi propia belleza".
—Es una historia hermosa... y cruel.
—La belleza es egoísta. Por eso tu hermana no habla. Si eres capaz de hacerle comprender esto se olvidará de su aspecto y empezará a prestar atención al mundo que la rodea. He ahí tu tesoro.